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El dilema de los sobresueldos en Wall Street

Wednesday, November 12th, 2008

Puede que pase un tiempo antes de que Wall Street acepte que no le van a pagar.

Por el momento, mientras sus largos dedos acarician el nuevo botín de los contribuyentes, las firmas parecen creer que aún pueden engañar a la opinión pública y convencerla de que el dinero de los sobresueldos no es dinero de los contribuyentes.

“Respondimos de forma apropiada al pedido del fiscal general de información sobre los fondos para sobresueldos de 2008”, dijo hace poco a Bloomberg News una portavoz de Citigroup Inc., “y confirmamos que no vamos a usar fondos TARP para remuneraciones”. (TARP son las siglas en inglés del Programa de Rescate de Activos en Problemas de Estados Unidos). Pero, como dijo el informe de Bloomberg, la portavoz “se negó a abundar en el asunto”.

¡Cómo iba a hacerlo! Si la portavoz de Citigroup hubiera dado detalles, habría tenido que decir algo de este tenor: “Todavía estamos tratando de establecer cómo los US$25.000 millones de dinero de los contribuyentes que ya tomamos no tienen relación alguna con los US$26.000 millones que planeamos entregar a nuestros empleados mejor pagados en 2008 (¡un 4 por ciento más que en 2007!). Pero es un problema complicado, ya que, pensándolo bien, todo es el mismo dinero”.

Felizmente, a la opinión pública ya no se la puede confundir con esa palabrería.  Además, en el momento en que la firma aceptó dinero de los contribuyentes, uno perdió el control de la máquina de ganar dinero.

Por ultimo, los operadores deberían repensar la formula trabajo x ocio. Pues si antes el problema era  ganar la mayor cantidad de dinero posible sin quedarse sin esposa. El nuevo problema es tomarse la mayor cantidad posible de tiempo libre sin quedarse sin empleo.

Es más barato comprar crudo en Wall Street que encontrarlo

Wednesday, November 12th, 2008

Anadarko Petroleum Corp. y Dana Petroleum Plc, compañías de perforación de pozos petrolíferos que perdieron más de un 25 por ciento de su capitalización este año, pueden convertirse en blancos de adquisición porque han demostrado que es más barato comprar reservas de petróleo y gas natural que ponerse a buscarlas.

Los depósitos comprobados de Anadarko tenían un valor bursátil de US$6,99 por barril al 7 de noviembre tras haberse desplomado las acciones de la empresa un 45 por ciento este año en la contratación en Nueva York, en tanto las de Dana se cotizaban a US$7,80 por barril. Esto es más de un 39 por ciento por debajo de los US$12,87 por barril que Royal Dutch Shell Plc gastó el año pasado para descubrir y poner en explotación sus propios yacimientos, según datos compilados por Bloomberg, y puede que atraiga ofertas.

Exxon Mobil Corp., Shell, BP Plc, Chevron Corp. y Total SA, las cinco mayores compañías petroleras no estatales, tenían en conjunto una caja de US$82.000 millones a fines de septiembre, suficiente para comprar siete de los 11 miembros del índice Standard & Poor’s 500 de compañías de exploración y producción de petróleo y gas natural. Es posible que compañías más pequeñas como Talisman Energy Inc. también tengan fondos para adquisiciones.

Es más barato comprar un barril en Wall Street en vez de un barril que las compañías tienen que encontrar y preparar. Las compañías con dinero están buscando oportunidades de relleno con una gran base de recursos.

La última vez que el precio del petróleo se desplomó, al caer el crudo a US$10 por barril en 1998, el sector de los combustibles se transformó con la compra de Amoco Corp. por BP, la adquisición de Mobil Corp. por Exxon y la de Elf Aquitaine SA por Total Fina SA.

Wall Street – Every Dream has a price

Tuesday, October 7th, 2008

Comentario de Joe Mysak

Desacreditados y envilecidos. Esas son las palabras con las que se podría empezar a describir a las personas que la mayoría de los estadounidenses llaman “banqueros”. Rara vez una amplia categoría de ocupación se hundió tanto y tan rápido.

No mucho tiempo atrás, hacer carrera en el sector financiero atraía a los ambiciosos y los codiciosos. En Nueva York en particular, las únicas vidas que parecía que valía la pena vivir eran las de quienes trabajaban en Wall Street y cuya retribución la determinaban los sobresueldos de fin de año, con la capacidad de cambiar la vida y sobre los cuales se informaba ampliamente.

Eso acabó, sospecho, pasado el medio día del viernes 3 de octubre de este año, cuando la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el plan de rescate del mercado financiero de US$700.000 millones diseñado para reabrir los mercados de crédito del país.

¿Cuánto tiempo tomará rehabilitar la profesión? ¿Tres años? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Cincuenta?

Los acontecimientos de las últimas semanas han pasado demasiado rápido. Y la guerra apenas comienza; la carnicería real se producirá en las próximas semanas y meses. Nadie sabe cuál será el verdadero resultado de este desastre, aunque es muy probable que el sector financiero se desplome.

Ahora la escena pasa a Washington. Ahora que el Departamento del Tesoro intenta recoger las piezas del sistema financiero queda claro que no se trata de un cambio temporal. Tengo la impresión de que independientemente de quién se quede con la presidencia, veremos que los reguladores causarán estragos al utilizar sus nuevas competencias. Eso será lo que los contribuyentes exigirán.

No estoy diciendo que esto sea necesariamente algo bueno. Sin embargo, esta parece ser la consecuencia de casi quebrar al país. Las finanzas se rindieron.

La sublevación en el Congreso y las fluctuaciones en el índice industrial Dow Jones han opacado al mercado de bonos municipales. Esto fue hasta que el gobernador Arnold Schwarzenegger de California envió el 2 de octubre un correo electrónico al secretario del Tesoro, Henry Paulson, diciendo que el estado podría tener que recurrir al Gobierno federal para obtener un pequeño préstamo de US$7.000 millones.

El efecto total de la crisis financiera sigue siendo un misterio. Sabemos que la recaudación estatal y local está cayendo, y que el ambiente de negocios se deteriora. Una ola de impagos de bonos municipales parece probable. Es curioso que esta posibilidad exista, ya que las calificadoras siguen cediendo ante la insistencia de las emisoras de que todas merecen mejoras a AAA.

Con respecto a los banqueros, admitieron la ignorancia detrás de sus acciones al recurrir a Washington para que los rescatara. No entendían algunas de las capas sobre capas de instrumentos que crearon. No se rindieron, más bien, abdicaron. Pasará tiempo antes de que alguien vuelva a escucharlos.

Bancos de inversión deben ser como supermercados

Wednesday, September 17th, 2008

Los viejos y venerables bancos de inversión se están convirtiendo en tema de los libros de historia.

Lehman Brothers Holdings Inc. se declaró en quiebra. Merrill Lynch & Co. será comprada por Bank of Ameria Corp. a un precio de descuento. Bear Stearns Cos. fue rescatada por JPMorgan Chase & Co. En Europa, UBS AG va de una crisis a la siguiente, mientras que Commerzbank AG podría acabar cerrando la división Dresdner Kleinwort que adquirió como parte de la compra de Dresdner Bank AG.

Tras la carnicería financiera del último año ha quedado en claro que la banca de inversión tendrá que cambiar de raíz. Los días del dinero fácil ya terminaron. El sector necesitará reformarse de pies a cabeza.

A partir de ahora los bancos de inversión deben acostumbrarse a lo que los trabajadores de otros sectores han soportado desde hace diez años o más: vivir con un presupuesto reducido y recortes constantes de costes.

Habrá banca de inversión cuando la crisis del crédito ya haya pasado. Siempre será necesario mover capital alrededor del mundo, y eso es lo que los bancos hacen. No obstante, la cultura del exceso tendrá que desaparecer. Y el primer banco que se dé cuenta de ello, y lo haga funcionar, será el ganador.

En los últimos diez años, la banca de inversión ha vivido dentro de una burbuja de extravagancia.

Se pagaban sobresueldos masivos, independientemente del mérito. Se alquilaban los inmuebles más elegantes. Todo el mundo viajaba en primera clase. Las cuentas de gastos para clientes eran excesivas. Se utilizaban agencias de contratación para cubrir hasta los puestos de rutina. A los contratados en prácticas les pagaban más que a los ejecutivos de nivel medio en otros sectores. Incluso las secretarias cobraban dos o tres veces el promedio del mercado para puestos comparables.

Una viñeta de lo que ahora parece una era distante ilustra este punto. En 2001 Credit Suisse Group AG les pidió a sus empleados limitar las cuentas de cenas a solo US$10.000 para celebrar contratos. Quizá nadie se percató de que esa cantidad es muy superior a lo que algunas personas ganan en varios meses. Ciertamente sugiere una organización en la que el control de costes no figuraba en la agenda. Cualquier persona familiarizada con la manera en que operan los mercados financieros podría citar una docena de ejemplos similares.

Ya hay señales de cambio. El mes pasado Citigroup Inc. les dijo a sus empleados que las fotocopias a color estaban prohibidas excepto para las presentaciones a clientes. El uso de Blackberry será revisado. Quizá pronto empezarán a apagar las luces antes de irse de la oficina.

Otros bancos están haciendo lo mismo discretamente. Deutsche Bank AG redujo el uso de taxis, informó el diario The Independent en abril. Antes de que Merrill Lynch & Co. fuera comprada, dijo que restringiría el uso de aviones privados, informó el Financial Times en julio.

No solo reducen la cuenta de taxis, o ponen un candado en la papelería. Estudian cada tarea y se preguntan si puede hacerse por menos dinero, o eliminarla por completo. Bajan los costes de empleo y afinan los contratos para asegurarse de que la empresa obtenga un valor máximo por su dinero. Y no gastan más en sus instalaciones de lo que es necesario para que la empresa sobreviva.

No será fácil para los bancos de inversión hacer esto. Los ejecutivos a cargo piensan que el coste de hacer negocios es tan importante como el proveedor de las flores para el recibidor. Cuando entraba mucho dinero fácil al sector, no necesitaban pensar de otra manera. Gastar es más fácil que ahorrar, y también es más divertido.

Ahora parece que los mercados financieros serán duros en el futuro previsible. Una vez que se haya asentado el polvo, seguirá existiendo la banca de inversión, pero tendrá que ser tan ligera como una empresa automovilística o una cadena de supermercados. Es tiempo de que despierten a la realidad.

El titular en inglés:
`Investment Banks Should Be More Like Supermarkets: Matthew Lynn’

(Matthew Lynn es columnista de Bloomberg News. Las opiniones que aquí expresa son propias).

Terremoto en Wall Street

Monday, September 15th, 2008

Dos de las empresas más emblemáticas de Wall Street, Merrill Lynch & Co. y Lehman Brothers Holdings Inc. están desencadenando la mayor reestructuración del sector financiero desde la Gran Depresión.

Lehman, con sede en Nueva York y fundada hace 158 años, se declaró en quiebra porque no logró encontrar un comprador. Merrill Lynch, de 94 años de antigüedad y también con sede en Nueva York, será vendida a Bank of America Corp. por US$50.000 millones en un acuerdo de emergencia al que se llegó ayer.

Los motores que impulsaron un crecimiento récord en el sector financiero en los últimos diez años — crédito barato y revalorización de las propiedades — ahora se han invertido. Las empresas que alguna vez florecieron haciendo préstamos hipotecarios y con activos comprados con dinero prestado, se encuentran bajo asedio, lo que favorece a las entidades que dependen menos del apalancamiento y tienen la menor cantidad de activos vinculados a propiedades.

Las convulsiones en el sector que comenzaron el año pasado ya eliminaron a Bear Stearns Cos., e hicieron necesaria su venta a un precio reducido a JPMorgan Chase & Co. en marzo con el apoyo del Gobierno. Hace una semana, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos colocó a las entidades hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac bajo su tutela, garantizando sus instrumentos de deuda al tiempo que prácticamente borró su valor bursátil.

American International Group Inc., que alguna vez fue la mayor aseguradora del mundo, está intentando reunir efectivo a fin de evitar una rebaja de su calificación crediticia, que podría afectar a sus negocios.

Los cinco bancos de inversión de Nueva York que dominaban Wall Street han quedado reducidos a dos: Goldman Sachs Group Inc. y Morgan Stanley. Aunque se espera que ambas compañías anuncien una caída en los beneficios del tercer trimestre este año, se han mantenido rentables en 2008, a diferencia de Lehman y Merrill.

Lehman, que a fines de agosto tenía 25.935 empleados en 61 oficinas en todo el mundo, tenía en febrero un balance total de US$768.000 millones. Merrill Lynch, con 60.000 empleados, es conocida por sus asesores financieros que llevaron los productos financieros de Wall Street a los inversores generales.

“Llevo muchos años en Wall Street y nunca he visto un fin de semana como este”, dijo Michael Holland, de 64 años, presidente y fundador de Holland & Co. de Nueva York. “Estamos dando marcha atrás a lo que han sido años de tonterías en los mercados financieros, y las tonterías está evaporándose conforme hablamos, desafortunadamente con la caída en el precio de las acciones de varias empresas involucradas”.

El colapso de Lehman elimina una empresa que en febrero de 2007 tenía un valor de mercado de US$45.500 millones. La venta de Merrill a Bank of America a US$29 la acción, pese a ser un precio un 70 por ciento más alto que la cotización del viernes de Merrill, se compara con su capitalización de mercado de US$86.000 millones en enero de 2007.

El titular en inglés:
`Tectonic’ Shift on Wall Street as Lehman Fails, Merrill Sold’