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La nueva moda de los millonarios: Desheredar sus hijos

Friday, July 18th, 2008

Hoy escribiré sobre un tema novedoso en este blog: la faceta buena de los millonarios.

Cancela las fiestas salvajes. Olvídate de delirantes ideas de negocios y de matrimonios fracasados. Dile a tu terapeuta que encuentre otra cosa que hacer. El pobre niño rico, un personaje utilizado con frecuencia por autores de novelas y redactores de revistas, se va a convertir en una figura tan arcaica como la máquina de escribir. Los superricos han comenzado una nueva moda por la que desheredan a sus hijos.

Cuando el presidente de Berkshire Hathaway Inc., Warren Buffett tomó la decisión de donar el 85 por ciento de su fortuna de US$44.000 millones a instituciones benéficas acaparó titulares . El principal beneficiario será la Bill & Melinda Gates Foundation. La mayor parte de la cobertura mediática se centró en la alianza forjada entre Bill Gates, el hombre más rico del mundo, y Buffett, en segunda posición. Sin embargo, detrás de esto subyace una pregunta interesante: ¿por qué los ricos ya no quieren su dinero?
Mientras que el principal ganador de la donación será Bill Gates, fundador de Microsoft Corp., los obvios perdedores son los tres hijos de Buffett: Peter, Howard y Susan. A ninguno de ellos les faltará nunca dinero. Sus propias fundaciones reciben parte del dinero de sus padres. Pero no dirigirán el negocio u obtendrán el grueso de la fortuna de Buffett. Y no habrá dinastía familiar. Buffett no es el único que ha tomado esta decisión. Gates financia su propia fundación y Sanford Weill, presidente emérito de Citigroup Inc., ha decidido regalar una fortuna de US$1.400 millones en un “acuerdo con Dios”, según dijo en una entrevista con la revista Citigroup Pursuits.

En Gran Bretaña, Anita Roddick, fundadora de Body Shop International Plc, que en marzo acordó la venta de la compañía a L’Oréal SA por 652 millones de libras (US$1.200 millones) también ha dicho que destinará los fondos a organizaciones benéficas en lugar de a sus hijos.

Líderes empresariales como Buffett, Gates, Weill y Roddick están marcando una nueva tendencia. No cabe duda de que otros los seguirán. Probablemente éste sea el peor momento para tener un progenitor multimillonario. Y posiblemente también sea éste el momento para las instituciones benéficas. Esta actitud es, por supuesto, digna de elogio.

Nadie podrá discutir que es mucho mejor para el mundo que los miles de millones de Buffett vayan a parar a organizaciones benéficas que a aviones privados y acuerdos de divorcios. También, si lo situamos en un contexto histórico, resulta muy extraño.

Después de todo, el impulso dinástico es uno de los más antiguos y más fuertes que se conoce en la humanidad. A través de la historia, monarcas y magnates han intentado forjar imperios y pasarlos a sus hijos. Sin la intención de meterme demasiado en el terreno de la sociobiología, los humanos están motivados por el impulso de preservar sus genes. Aun así hay mejor forma de hacerlo que tener muchos niños y darles un montón de dinero.

Algunos, por supuesto, aún lo hacen. Rupert Murdoch, por ejemplo, ha insistido en acomodar a sus hijos en cargos de responsabilidad dentro de News Corp., incluso si los resultados han sido mixtos. Cierto, hasta hace poco, la mayoría de los ricos daban a sus hijos demasiado, no demasiado poco

Hay tres razones plausibles para esta nueva tendencia filantrópica.

En primer lugar, si quiere que sus hijos triunfen en esta vida, la educación es probablemente más importante que la riqueza heredada estos días. En la mayoría de las economías la gente lista y bien preparada puede tener bastante éxito. Y si se les abren las puertas adecuadas, incluso pueden llegar más lejos. Realmente no tiene que recibir miles de millones para asegurarse un futuro próspero.

En segundo lugar, agradézcaselo a Sigmund Freud. Puede que los científicos ya no tomen tan en serio al padre del psicoanálisis, pero la psicología pop tiene más fuerza que nunca. Incluso los multimillonarios han aceptado la idea de que una riqueza enorme no ganada con el propio sudor es la receta para una piltrafa psicológica. Al igual que los padres modernos ya no pegan a sus hijos, tampoco les regalan sus empresas. Saben que nos les beneficiará en absoluto.

Tres, está de moda. Vivimos en una época de meritocracia. Puede que los multimillonarios ya no tengan que preocuparse de que los bolcheviques los pongan delante de un pelotón de fusilamiento. La otra cara de la moneda es que preferimos que la riqueza se gane mediante el trabajo y la imaginación. La riqueza heredada nos incomoda. Probablemente nunca ha habido un momento en la historia de la humanidad en la que la aristocracia se vea con tanto recelo como hoy, y los multimillonarios son tan víctimas de modas intelectuales como el resto.

¿Resultado? Los ricos regalarán más y más dinero y las organizaciones benéficas se beneficiarán más, y nadie pondrá objeciones a esto.

P.S: Texto con opiniones de Matthew Lyn.