En el 2005, cuando el auge inmobiliario de cinco años estaba cerca de su cúspide, Wall Street comercializaba un nuevo tipo de instrumento respaldado por hipotecas `subprime’ de elevados intereses, otorgadas a los dueños de viviendas con el peor historial crediticio. Con la bendición de las mayores calificadoras como inversiones seguras, estos instrumentos ofrecían mayores rendimientos que los bonos soberanos con las mismas calificaciones. Bancos de inversión como Bear Stearns Cos., Citigroup, Lehman Brothers Holdings Inc. , entre otros vendieron “camiones” de estos instrumentos en 2005 y 2006.
Nada de esto podría haber pasado sin la participación de los tres mayores árbitros de crédito de Wall Street: Moody’s Investors Service, S&P y Fitch Ratings. Alrededor de 80 por ciento de los instrumentos tenían calificaciones AAA, igual a la asignada a los bonos del Tesoro estadounidense. Esto implicaba que las inversiones no podían fallar. Las calificaciones de riesgo ayudaron a Wall Street a expandir el mercado mundial de instrumentos basados en préstamos `subprime’ de alto riesgo.
Lo que empezó como problemas aislados con préstamos de alto riesgo acabó infectando al mercado en general de la vivienda, golpeando a las mayores instituciones financieras, derribando a Bear Stearns Cos., poniendo de rodillas a Fannie Mae y Freddie Mac, diezmando el mercado de derivados y haciendo que las empresas recorten personal y que los consumidores gasten menos.
Para agravar el problema, el alza de los alimentos, combustibles y energía impulsaran la inflación a niveles récordes de los últimos 15 años. Los precios están subiendo en todo el mundo en vías de desarrollo. La inflación china alcanzó en mayo un nivel cercano a un máximo de 12 años del 8,7 por ciento; los precios en Vietnam subieron un 11,6 por ciento el mes pasado, el ritmo más veloz en 13 años y en Argentina ha alcanzado un 9.5% según las cifras oficiales (aunque dicen por ahí que ya bordea los 30%).
La inflación supera los tipos de interés de referencia en China, Rusia, India, Chile, Venezuela y al menos doce economías de mercados emergentes. Por lo tanto, los presidentes de Bancos Centrales en las economías emergentes, desde Rusia hasta Venezuela, empezaron a subir las tasas de interés para evitar que el alza de precios contamine la economía. Las consecuencias sobre la economía son varias: baja del consumo, de la producción, aumento del desempleo, etc.
Por lo tanto, estamos en frente a un problema macroeconómico que empezó de una forma micro y se expandió a toda la economía. Según Stephen Roach, presidente de Morgan Stanley para Asia, la crisis económica mundial acaba de empezar, Estados Unidos se encuentra próximo a una “trayectoria recesiva” y el efecto de la contracción crediticia aún tiene que hacerse sentir plenamente. Quizá dos tercios de eso ya pasó, pero los efectos en la economía real de Estados Unidos y mundial están en una etapa temprana.
El crecimiento en Estados Unidos, la mayor economía del mundo, podría debilitarse en el segundo semestre tras un segundo trimestre más fuerte de lo esperado debido a que los consumidores están reduciendo el gasto. Eso desacelerará las exportaciones europeas y asiáticas y dañará el crecimiento mundial, dijo Roach
Paul McCrae suele decir que las portadas de revistas que tienden a destacar un fenómeno cuando ya pasó y por ende sirven de indicadores contrarios, han dado buenas señales con respecto a los cambios en los precios del petróleo y las acciones recientemente. Apenas cuando las cosas estén lo bastante mal para que las revistas financieras ( Time, Newsweek, etc) publiquen una portada sobre el fin del mundo, será tiempo de comprar acciones y descorchar la champaña!


