Henry Paulson se convirtió en secretario del Tesoro hace 28 meses, cuando se encontraba en la cima del mundo financiero: el máximo responsable ejecutivo mejor pago de Wall Street coronaba su carrera con un paso de perfil muy alto por la función pública.
En la actualidad, dos meses antes de abandonar su cargo, Paulson es una figura disminuida, dañada por la crisis del mercado financiero que tuvo lugar durante su gestión y por los esfuerzos del Gobierno por proporcionar una respuesta.
Al igual que muchos otros que sirvieron en el Gobierno del presidente George W. Bush –entre ellos el ex secretario de Estado Colin Powell y el ex jefe del Tesoro Paul O’Neill– Paulson, que tiene 62 años, abandonará su cargo proyectando una sombra mucho más pequeña que cuando asumió.
El último golpe fue el anuncio que hizo ayer de que el Tesoro abandonaba su plan de comprar activos hipotecarios devaluados, una medida que dio a conocer hace apenas ocho semanas y que defendió ante los escépticos del Congreso y el mercado. Personalmente, encuentro a Paulson un buen secretario del Tesoro. Ha cometido mucho más aciertos que equivocaciones. Y, cuando se dio cuenta que estaba errado, tuvo la humildad de cambiar el plan inicial.
Solo la historia emitirá un veredicto definitivo sobre el manejo de Paulson de la crisis económica de este año, pero sin duda él no habría elegido pasar sus últimos días en el cargo de esta manera: encabezando una gigantesca intervención del Estado en los sectores bancario, asegurador e hipotecario y recibiendo pedidos de rescate de las empresas automotrices General Motors Corp., Ford Motor co. y Chrysler LLC.

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