Sentimientos y egos entorpecen las finanzas

Publicado por Thales De Freitas el dia Monday, October 27th, 2008

Uno de los misterios inextricables del mundo financiero es también uno de los más sencillos. ¿Cómo es que gente inteligente y con estudios puede tomar decisiones tan malas?

Nuevos estudios confirman lo que muchos de nosotros habíamos sospechado desde hace tiempo. A la mayoría de los gestores les resulta casi imposible pensar con claridad. Esto también les ocurre a la mayoría de los inversores, quienes permiten que las emociones y el orgullo se interpongan en el camino.

En resumen, las malas decisiones son tan comunes, si no más, que las buenas.

Estudios académicos recientes esclarecen en parte por qué es así.

En la conferencia anual de la Royal Economic Society del Reino Unido, Felix Hoeffler, investigador jefe de Max Planck Institute for Research on Collective Goods en Bonn, presentó un documento titulado: “¿Por qué a los humanos les preocupan los costes de los fracasos mientras que a los animales no?”.

Su explicación es que a los humanos les preocupa demasiado los costes de los fracasos, lo que él llama “la Falacia del Concorde”.

Puede  que los lectores recuerden que el Concorde era el avión de pasajeros supersónico de la década de los setenta. Muy pronto fue evidente que el avión era un desastre económico: demasiado ruidoso y demasiado caro. Y sin embargo los Gobiernos británico y francés continuaron inyectando dinero en el proyecto, a pesar de que no había posibilidades de recuperarlo.

Muchos de nosotros hacemos algo parecido con nuestras carteras de inversión. Compramos una acción, la vemos hundirse, y nos aferramos a ella con la esperanza de que repunte algún día.

Curiosamente, según Hoeffler, los animales no caen en el mismo error. Están mucho más dispuestos que nosotros a reducir sus pérdidas cuando realizan una tarea. Cada vez hay más pruebas de que las emociones obstaculizan la toma de decisiones racionales en el mundo de los negocios.

El año pasado un estudio concluyó que los que sufren un tipo de daño cerebral eran mucho mejores en la toma de decisiones que otras personas. Un equipo conjunto de la Stanford University, Carnegie Mellon University, y de University of Iowa estudió el proceso de toma de decisiones en inversiones por personas que no sienten emociones por determinadas lesiones cerebrales, pero que, por lo demás, eran completamente normales. Posteriormente el equipo llevó a cabo experimentos para ver cómo se comparaban con personas que sentían emociones. ¿El resultado? Los que no sentían emociones obtenían mejores resultados que el resto.

En este experimento –que pidió a los participantes que apostaran a la cara de una moneda– algunos dejaban de invertir por miedo a perder el dinero que habían ganado. Los participantes con daños cerebrales no sentían miedo, por lo que continuaban invirtiendo y ganaron más.

De nuevo, a la gente “normal”, las emociones les impidió tomar la decisión final correcta.

Es la otra cara del fenómeno que Hoeffler está investigando. Mantenemos nuestras malas inversiones porque nos da vergüenza admitir que hemos cometido un error. Somos demasiado orgullosos. Y después vendemos nuestras mejores inversiones porque nos da miedo perder lo que ya hemos ganado.

Al final, según parece, acabamos tomando malas decisiones porque somos humanos. ¿Quizás haya llegado el momento de dar a los robots una oportunidad?

Por Mathew Lynn.

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