Steve Jobs es un perfeccionista narcisista con un temperamento volcánico que cree que la mayor parte de la gente es tonta. El máximo ejecutivo de Apple Inc. Es también uno de los más destacados líderes empresarios de todos los tiempos.
Eso es lo que escribe Leander Kahney, editor de Wired.com, en su libro “Inside Steve’s Brain” (Dentro del cerebro de Steve).
En parte biografía y en parte una guía para futuros dirigentes visionarios, el libro quiere mostrar cómo el temperamental Jobs piensa en todo, desde el diseño y marketing de un producto hasta la conducción de personas, y cómo ese proceso de pensamiento generó desarrollos como la Macintosh, el iPod y el iPhone.
El máximo responsable de Apple y otros ejecutivos declinaron ser entrevistados para ese libro, así que Kahney se basa en relatos de antiguos empleados y comentarios que Jobs hizo a otros periodistas. El autor reúne lo que cree que piensa Jobs en “Lessons from Steve”, una lista de qué hacer y qué no hacer para aquellos que aspiran a construir su propia “cultura de la innovación”.
Todo el mundo tiene una anécdota de que Steve Jobs le gritó en la cara porque esa es la forma en que él funciona. No creo que Jobs realmente lo haga como una cuestión personal. Es una forma rigurosa de cuestionar todo y tratar todo como si fueraun combate competitivo, intelectual, mano a mano. Es sobre tratar de destrozar las ideas de la gente –frecuentemente de manera brutal– porque los está probando para ver si tienen convicción.
Según el autor, Jobs tiene un control total de cada uno de los aspectos de la experiencia del usuario. Para él, esto significa desde la caja en la que llega el producto, la tienda donde uno lo compra, la publicidad que crea la necesidad del producto. Nadie está más obsesionado con cada mínimo detalle que él.
Muchas otras compañías tienen esas demandas de sacar algo rápidamente al mercado, de tener un producto ahí. Tienen cronogramas estrictos, plazos, recursos ajustados y toman decisiones que tienen sentido en el corto plazo pero no funcionan en el largo. No hay muchas empresas de tecnología con la visión de largo plazo de Apple.
Apple no va a lanzar algo al mercado hasta que no esté totalmente terminado: el iPhone requirió tres años. Estuvieron presionados para sacar cierto tipo de teléfono celular casi tan pronto como salió el iPod. Se tomaron su tiempo hasta que supieron que podían hacerlo bien.
Todos estos procesos en Apple son resultado directo de los rasgos peculiares de personalidad de Jobs. Debate cada una de las decisiones, ya sea una máquina lavadora para su familia o qué características incluir en el último iPhone.
Hay un término para esto: “la rutinización” del carisma”. Cómo el carisma de una persona se convierte en una rutina de negocios. Y al parecer la historia le ha dado toda la razón.

Texto inspirado en la entrevista de la reportera Connie Guiglielmo con el autor del libro.
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