No hace mucho, un sábado por la mañana en una universidad de Santiago, más de 300 personas celebraban los rituales de un nuevo culto. Este culto no era religioso, ni filosófico, ni social, sino comercial: Webprendedor, el culto a la iniciativa empresarial.
¿Qué ha ocurrido para que estos jóvenes, que en generaciones previas habían escalado a lo más alto del estamento corporativo, no hayan elegido subir la pirámide sino alejarse de ella?
Está claro que se han producido algunos cambios importantes. Hasta no hace mucho, los empresarios noveles surgían del grupo de los excluidos; gente que por razones de clase, raza, educación o carácter era poco probable que se hiciesen un hueco en las empresas o firmas tradicionales. Eran, bien por causas ajenas o elección propia, los `aislados’.
Pero las iniciativas empresariales se están convirtiendo a una velocidad vertiginosa en la tendencia predominante, en la elección preferida de los que están dentro del circuito.
Esta nueva situación plantea dos interrogantes: ¿Cómo consiguió la figura del innovador empresarial desplazarse desde los márgenes de la sociedad al epicentro de la tendencia corporativa? ¿Qué nos dice sobre el futuro estilo de vida de la gente y la forma en que llevarán su carrera profesional?
En casi todas las generaciones hay una carrera profesional u ocupación a la que se aspira colectivamente; no todos lo consiguen, y los que no llegan envidian a los que sí alcanzan el deseado sueño. Hace 50 años el objeto del deseo era probablemente la carrera militar; hace cuarenta, el cargo civil; diez años después, la gran empresa; hace veinte años, la firma de consultoría; durante la última década la estrella era la banca de inversión; hoy son las empresas de Internet, punto.com, o cualquiera de los numerosos apelativos.
Es un hecho asombroso. Iniciar un negocio, como afirman muchos de los empresarios noveles, es algo difícil y solitario. Requiere cantidades ingentes de trabajo, energía, sacrificio, penuria económica en algunas ocasiones y alta exposición al riesgo. Hay muchas posibilidades de que, al final, este emprendedor acabe divorciándose y arruinado.
A los que ya eran parte del mundo empresarial no les interesaba esta opción porque tenían muchas otras cosas más agradables en las que emplear el tiempo. A los de afuera, no les quedaba otra alternativa.
La creación de una empresa es un concepto extraño al que aspirar, pero se pueden dilucidar tres razones por las que, de pronto, ha adquirido el estatus de movimiento de culto.
Mañana la parte 2 del post

Tags: emprendedor, emprender, emprendimiento, empresas, negocios, punto.com, web 2.0
