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Bienvenido a la inversión orientada al “crecimiento de los dividendos”

Escrito por Thales De Freitas el dia Jueves, Junio 12th, 2008

En momentos de gran volatilidad invertir en acciones que tiene tradición de pagar buenos dividendos recobra su atractivo. 

Hace años leí un artículo muy interesante de Chet Currier sobre los fondos de dividendos. Chet fue un gran columnista que durante sus 37 años de carrera analizó con mucha propiedad al mercado financiero americano.

El solía decir: ¿Le interesan acciones valiosas, de compañías sólidas y largamente establecidas, que ofrecen pagar dividendos de 4,8 o 10 por ciento, o más?

Suena como una proposición quimérica, especialmente en estos tiempos escasos de altos rendimientos. Pero no, es una oferta real. El problema es que requiere invertir dinero a largo plazo y no ofrece garantías. Usted compra hoy, y le pagarán sustanciosos dividendos en el futuro, siempre y cuando todo vaya razonablemente bien en la economía y en los mercados financieros.

Bienvenido a la inversión orientada al “crecimiento de los dividendos”. No hay nada nuevo en esta forma de administrar el dinero. Aun más, nos lleva de vuelta a las nociones fundamentales.

Por estos día goza de renovada popularidad entre una generación de inversionistas marcados por la mala experiencia de fines de la década de 1990 y principios de la de 2000, cuando se buscaba ganar puramente por el aumento de precio de las acciones.

Algunos fondos ponen énfasis en el alto rendimiento actual, mientras que otros pueden enfocar la tasa de crecimiento de los dividendos. De cualquier forma, todos los fondos que invierten en acciones por el ingreso ofrecen la esperanza de crecientes rendimientos en el futuro.

Como evidencia, se puede ver el número en aumento de inversionistas que los ven como uno de los medios más prometedores que se les ofrece para conseguir altos ingresos en sus años de retiro. Para tener una idea de cómo funciona, veamos las acciones de Cencosud. Según datos de Bloomberg, su dividiendo actual anual es de cerca del 2,5 por ciento al reciente precio de la acción de $1.800. Ahora, 2,5 por  ciento pudiera parecer poco. Pero la compañía tiene la costumbre de subir regularmente este pago y el dividendo ha aumentado en los últimos cinco años.

La palabra clave aquí, como sin duda ya se ha dado cuenta, es “esperanza”. En el contrato no se promete nada relacionado con los dividendos, como ocurre con un bono y sus intereses. De lo único que puedo estar seguro es que el precio de las acciones se recuperará siempre mientras yo mantenga estos títulos, dándome un buen susto de vez en cuando.

Con un fondo mutuo puedo aprovechar esa valiosa herramienta para contener el riesgo que se llama diversificación. Pero aún con un fondo, por supuesto, sigo expuesto a los avatares de la economía, a los mercados pesimistas y demás.

Ese es el precio a pagar para aspirar a un rendimiento mejor más adelante, en vez de amarrarme a algo garantizado, como un bono del Central o un certificado de depósito de un banco. Estos días, hay que decirlo, puedo comprar pagarés del Central y otros instrumentos de formato protegido contra la inflación. Pero no es lo mismo, sin embargo, que la oportunidad de participar del crecimiento económico que traen los dividendos.                     

Sea lo que fuere lo que depare el futuro, el renovado interés en los dividendos es algo bueno y saludable. Por algún tiempo, la gente vio al hecho de invertir en acciones como un juego en el que el precio se  derivaba del mercado mismo, o de lo que alguien dijo sobre esos valores.

Esto es bastante alejado de lo que realmente aporta su valor a las acciones. Una acción representa una pequeña parte de propiedad que me da el derecho a participar de la valorización del precio y del potencial que tiene la compañía de ganar dinero. Los pagos de dividendo presentes y futuros son la forma en que yo participo de esas ganancias.

Un abrazo,

Thales

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